Con un gusto enorme por saludarlos paisanos, les comparto anécdota ocurrida en mi querido Santiago Papasquiaro.


Por:  VICTOR MANUEL ALVAREZ PIZARRO (MANOLO)

Esta historia se suscito en la epoca de los años 70’s, en Santiago Papasquiaro.

El Río Santiago, nace en la sierra madre occidental, y desemboca en la presa llamada “El Palmito”. En los años 70’s
cuando llovía en la sierra llegaba a Santiago en forma caudalosa y con escarpadas aguas turbias cargadas de
grandes ramas y troncos, que eran arrastrados por la “creciente” termino que se utiliza en nuestra ciudad para definir
cuando este caudal llegaba. Las aguas del río llegaban hasta las vías del ferrocarril y se metían por entre los puentes
de las vías, al no tener salida al río, el arroyo El Tagarete este se desbordaba hacia las calles aledañas, preocupando
seriamente a los moradores de viviendas adyacentes al río y al arroyo.
En Santiago Papasquiaro existían intrépidos nadadores que por probar su valentía, cruzaban el río crecido de lado a
lado, compitiendo entre ellos por salir en primer lugar. Este espectáculo era observado por la población desde los
bordos que sostienen las vías férreas. En estos eventos murieron algunos jóvenes que recordamos todavía sus
nombres con tristeza, pues no lograron el objetivo de llegar en ningún lugar de tan arriesgada competencia. Sus
cuerpos eran buscados por todo el cause, incluso hasta la misma presa “El Palmito” muchas veces sin que se
rescatara con éxito los cuerpos de tan arriesgados nadadores. Los padres de familia por su parte vivían siempre con
la zozobra de que alguno de sus muchachos quisiera probar sus dotes de nadador y desafiara la corriente. Por su
puesto ninguno de los jóvenes platicaba que iría a la competencia que generalmente era durante horas escolares.
Esta anécdota sucedió en una de estas “Crecientes”, como les menciono desde los rieles a lado del boulevard,
muchos adultos hacían sus comentario de los “deportistas acuáticos” que se alcanzaban a ver a lo lejos en medio de
tan bravo caudal. Dos hombres observaban y uno de ellos comenta, “Mira que pelaos tan facultosos, como pueden
querer cruzar así al río en esta forma, mira, mira, aquel hasta arriba de un árbol viene montado, se cree Tarzán……A
lo que el otro señor le comenta: “Oiga Don, que no es uno de sus muchachos? Si, si es uno de sus hijos, es de los
mayores.
“A Que caray! responde enojado y preocupado será mejor retirarme del espectáculo. Si! es, es uno de mis hijos, lo
premiare cuando salga, si es que sale. En esta ocasión si salió el “atleta” lo que no se imaginaba era el trofeo que le
esperaba en casa.  El “trofeo”  fue una  tremenda tunda que yo creo que hasta el día de hoy nada mas de recordarla
aun le duele.

De este río tengo muchos relatos que contarles, estén pendientes:  Hasta la próxima,

Si tienen algún comentario escriban a
victoralvarez@chagocity.com
El Trofeo del Tarzan.
Anecdotario de Santiago Papasquiaro